El camino del amor...Sólo el que ama es feliz.





Hay muchos caminos que conducen a diferentes lugares, pero el único que nos conduce al cielo se llama: JESÚS (Juan 14:6)






jueves, 17 de febrero de 2011

Hablame con sencillez

No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames con fervor. Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías a tu madre, a tu hermano.

¿Necesitas hacerme en favor de alguien una súplica cualquiera?

Dime su nombre, bien sea el de tus padres o hijos, bien el de tus hermanos y amigos; dime enseguida qué quisieras que hiciese actualmente por ellos. Pide mucho, mucho, no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos, para atender a las necesidades ajenas.
Háblame así, con sencillez, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón; y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón especialmente ama?

¿Y para ti, ¿necesitas alguna gracia?

Hazme, si quieres, como una lista de tus necesidades, y ven, léela en mi presencia. Dime francamente que sientes soberbia, amor a la sensualidad, envidia; que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente, perezoso...o tal vez juzgas muy fácilmente a los demás o hablas sin caridad de ellos; y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para quitar de ti tales males.

No te avergüences, ¡pobre alma! ¡En el cielo hay tantos justos, tantos Santos de primer orden, que en su momento tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad; y poco a poco se vieron libres de ellos. Menos aún vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, amor, amistades que te sean provechosas, paciencia, alegría, éxito en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso puedo darte, y lo doy libremente, y deseo que me lo pidas, siempre y cuando no se oponga, antes bien favorezca y ayude a tu santificación.

Hoy por hoy, ¿qué necesitas? ¿Qué puedo hacer por ti?

¡Si supieras cuántos deseos tengo de favorecerte! ¿Traes ahora mismo entre manos algún proyecto? Cuéntamelo todo minuciosamente. Quiero saberlo de ti. ¿Qué te preocupa? ¿Qué piensas? ¿Qué deseas? ¿Hay algo que quieres que haga por tu hermano, por un amigo, por tu superior? ¿Qué desearías poder hacer tú por ellos?

¿Y por Mí?

¿No sientes deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas mucho, y que viven quizás olvidados de Mí? Dime qué cosa llama hoy particularmente tu atención, qué anhelas más vivamente, y con qué medios cuentas para conseguirlo. Dime si te sale mal tu empresa, y yo te diré las causas del mal éxito. ¿No quisieras que me interesase algo en tu favor? Hijo mío, soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, a donde me place.

¿Sientes acaso tristeza o mal humor?

Cuéntame todo, pobre alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿Quién lastimó tu amor propio? ¿Quién te ha despreciado? Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para curar todas las heridas del tuyo. Dame cuenta de todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de Mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición.

¿Temes por ventura?

¿Sientes en tu alma vagas melancolías, que no por ser infundadas dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi providencia. Contigo estoy; aquí, a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo, ni un momento te desamparo.

¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien, y ahora olvidadas se alejan de ti sin que les hayas dado un motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado, si no han de ser obstáculos a tu santificación.

¿Y no tienes tal vez alegría alguna que comunicarme?

¿Por qué no me haces partícipe de ella como a un buen amigo? Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu corazón. Quizá has tenido una agradable sorpresa, quizás has visto disiparse algún temor o recelo, quizás has recibido buenas noticias, alguna carta o muestra de cariño. Tal vez has vencido alguna dificultad o salido de algún lance apurado. Obra mía es todo eso, y yo te lo he proporcionado. ¿Por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud, y decirme sencillamente, como un hijo a su padre: « ¡Gracias, Padre mío, gracias! » El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le gusta verse correspondido.

¿Tienes promesa alguna para hacerme?

Leo, ya lo sabes, en el fondo de tu corazón. A los hombres se les engaña fácilmente; pero a Dios, no. Háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a aquella ocasión de pecado? ¿De privarte de aquel objeto que te dañó? ¿De no leer más aquel libro que exaltó tu imaginación? ¿De no tratar más aquella persona que turbó la paz de tu alma?

¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien, por haberte faltado, has mirado hasta hoy como un enemigo?

Ahora bien, hijo mío; vuelve a tus ocupaciones habituales, al taller, a la familia, al estudio; pero no olvides los quince minutos de grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad del santuario. Guarda, en cuanto puedas, silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, que también lo es tuya, la Virgen Santísima, y vuelve otra vez mañana con el corazón más amoroso, más entregado a mi servicio. En mi Corazón encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.

lunes, 31 de enero de 2011

EL VUELO DE LA FE

Hace mucho tiempo en una montaña muy alta , había un águila quien todos los días con mucha dedicación le enseñaba a volar su pichón…
En aquellos tiempos el clima era perfecto , el cielo estaba despejado y la luz del sol iluminaba sus días.
Un día, llegado el otoño, el cielo se cubrió de densas nubes negras.
El pichón, acostumbrado a ver el cielo y el sol, pegó un grito de desesperación y comenzo a llorar porque ya no veía ese manto celeste con su sol resplandeciente que lo acompañaba en sus vuelos.
El águila, viendo esto, le pidió que le acompañara y remontaron vuelo en dirección a las nubes.
Luego de una trabajosa travesía, estaban por encima de las nubes.
El pichón estaba loco de alegría, se había superpuesto a esas negras nubes que le ocultaban su sol y su manto azul.

Moraleja:
Nuestra fe tiene que ser mas grande que nuestros problemas, no pienses cuan grande es tu problema , piensa cuan grande es tu Dios …

sábado, 29 de enero de 2011

La Visita del Diablo

Un día estaba un joven en su casa y alguien tocó la puerta. Al abrirla con sorpresa encontró al diablo quien lo agarró del pelo, lo pateó, lo golpeó y se luego se fue. Y dijo el muchacho... ¿qué debo hacer? En ese momento vio pasar a Jesús y pensó... "Si está en mi casa, el diablo no va a volver entrar". Entonces lo invitó a pasar, le mostró la casa y le dijo... ¿podés venir mañana cuando el dialo pase por aquí? Y Jesús, respondiéndole afirmativamente, se despidió hasta el día siguiente.
Al otro día, el diablo volvió a tocar la puerta y ya Jesús estaba dentro de la casa. El muchacho muy tranquilo abrió la puerta y el demonio volvió a darle una paliza. Entonces el muchacho muy molesto le reclamó a Jesús... ¿Por qué no hiciste nada por defenderme?. EL maestro le respondió... "No hice nada porque no estoy en mi casa, solo estoy de visita".
El muchacho reflexionó y lo invitó a vivir en su casa, le mostró su cuarto y le dijo: "Vas a comenzar a vivir aquí, este será tu cuarto". Jesús entonces aceptó gustosamente.
Como era ya costumbre al día siguiente tocaron nuevamente la puerta, y era otra vez el diablo, el joven muy confiado abrió la puerta pues ya Jesús vivía en su casa, pero nuevamente el maligno volvió a darle una paliza.

El joven, muy indignado fue adonde Jesús y le dijo: "Ya vives en mi casa, ¿qué más deseas para defenderme?". Y Jesús tranquilamente le contestó: "Yo solo vivo en tu casa, en mi cuarto. Mientras no entres en mi cuarto no te puedo defender".
Entonces el joven volvió a reflexionar y dijo: "De hoy en adelante ésta es tu casa, yo estare aquí como un invitado... si me lo permites." Y entonces Jesús sonrió y lo abrazó.
El otro día tocaron nuevamente la puerta, pero esta vez no fue el joven quien abrió pues ya no era él dueño de la casa, al abrir Jesús la puerta el diablo se disculpó pues pensó que se habia equivocado de casa.

Como consejo quiero decir que no es suficiente el decir dentro de nosotros que Jesús vive en nuestro corazón, tenemos que entregar de corazón nuestra vida para que el pueda actuar por nosotros.

sábado, 22 de enero de 2011

VISITA AL SEÑOR

Hola, Señor.

Vengo a tu presencia porque, en primer lugar, te necesito.
Es verdad que, las prisas, hacen que deje lo importante para el final.
Por eso, aún disponiendo de escaso tiempo, quiero permanecer un momento junto a Ti.
Te doy gracias, Señor, por la vida.
Te doy gracias, Señor, por aquellos a quienes más quiero.
Te doy gracias, Señor, por estar ahí en el sagrario esperándome, cuidándome y escuchándome.
Estar junto a Ti, Señor, es sacar fuerzas para seguir adelante.
Al postrarme en tu presencia, siento que, tu mano, me anima y me conforta me empuja y me alienta a seguir adelante.
Tú sabes, Señor, las preocupaciones que tengo interiormente.
Tú sabes, Señor, lo que ahora mismo necesito.
Tú, Señor, dijiste “pedid y se os dará”.
Yo, no te pido grandes cosas para mí.
Pero, Señor, dame un poco de luz en la oscuridad.
Suerte en el caminar
Alegría en el corazón
Fe y esperanza en lo que hago, soy y pienso.

Acepta, Señor, esta humilde oración y, ahora, -si quieres- háblame un poco en lo más hondo de mi corazón….lo necesito.

viernes, 14 de enero de 2011

Y DIOS DIJO: NO

Le pedí a Dios que me quitara mi orgullo. Y Dios dijo "no". Me dijo que no era algo que El tuviera que quitarme si no, que yo tenía que entregar.

Le pedí a Dios que me concediera paciencia,Y Dios dijo "no".
Me dijo que la paciencia es producto de la tribulación, no se concede, se conquista.

Le pedí a Dios, que me diera felicidad, Y Dios dijo "no.
Me dijo que Él da bendiciones. La felicidad depende de mí.

Le pedí a Dios que me evitara dolor. Y dijo "no". 
Dijo que el dolor y el sufrimiento me apartan de las preocupaciones mundanas y que me acercan más a Él.

Le pedí a Dios que hiciese crecer mi espíritu. Y Dios dijo "no". Me dijo que debo de crecer personalmente pero que él me podaría de vez en cuando.

Le pregunte a Dios si me amaba. Y Dios dijo "si". 
Me dijo que había dado a su único hijo y que había muerto por mi y un día estaré en el paraíso porque tengo fe.

Le pedí a Dios que me ayudara a amar a otros, como Él me ama.   
Y Dios dijo:
"Al fin estas empezando a entender”
(Desconozco al autor)

miércoles, 12 de enero de 2011

ANTE LA TORMENTA


Empezó a lloviznar y al poco rato, los relámpagos iluminaban la ciudad entera, haciendo parecer que amanecía. Más adelante, los truenos empezaron a oírse lejanos, y finalmente, la ciudad entera se sacudió en un ruido estrepitoso, pareciendo que la centella que zigzagueaba, caería sobre nosotros.
¡Que espectáculo tan bello! ¡Que impotencia más absoluta se siente cuando se contempla la naturaleza! Amaneció con un sol radiante, y el cielo era tan azul que parecía que la tormenta hubiera lavado cuidadosamente el firmamento; era un día tranquilo, luminoso.
Esa hermosa mañana, todos comentaban: "hace mucho que no veía orar a tanta gente como anoche". Era algo impresionante ver como oraban todas las personas.
¡Qué triste que necesitemos siempre en la vida de tormentas para hablarle al Padre! Yo creo que también las tormentas del alma nos deben hacer elevar el alma a Dios. Cuántas veces somos víctimas de depresiones emocionales, porque no le damos a nuestra alma el alimento de la oración.
¡Qué tremendas tormentas se desatan en el alma! Esas son peores que las que vivimos por los fenómenos atmosféricos.
Dentro de nosotros mismos tenemos las tormentas de odios, de envidias, de celos. Son las centellas que destruyen la alegría de vivir. La tormenta de esa noche me llevó a profunda meditación y me motivó a decirle:


"Señor, que no necesite mi existencia de tormentas para amarte; que no necesite de centellas que me atemoricen para recurrir temeroso a Ti; que no sean necesarias las tinieblas para buscar tembloroso tu amorosa mano; que me percate de que únicamente junto a Ti puedo encontrar paz, alegría y entusiasmo... “Y que cuando me sacudan el alma las tormentas interiores, me refugie en la paz de tu amor".

ASI ES DIOS

El pequeño Luis, de seis años, decidió una mañana prepararles hot-cakes a sus papas para desayunar.
Encontró un gran tazón y una cuchara, acercó una silla a la mesa y trató de alzar el pesado paquete de harina para abrirlo. La mitad del paquete quedó desparramado entre la mesa, la silla y el suelo. Tomó toda la que pudo con sus manitas, y la puso dentro del tazón, y después le puso un poco de leche y azúcar, haciendo una mezcla pegajosa, que empezaba a chorrear por los bordes.
Además, habían ya pequeñas huellas de harina por toda la cocina, dejadas por él y su gatito.
Luis estaba totalmente cubierto con harina y estaba empezando a frustrarse. Él quería darles una sorpresa a sus papas, haciendo algo muy bueno, pero todo le estaba saliendo al revés. No sabía qué más había que agregar a su pasta, o si había que hornear los hot-cakes, pues ni siquiera sabía cómo usar el horno.
Cuando miró otra vez la mesa, su gatito estaba lamiendo el tazón, por lo que corrió a apartarlo de la mesa, pero por accidente se volcó el cartón de leche, y además se quebraron unos huevos que había sobre la mesa, al caer al suelo.
Intentó agacharse a limpiarlo, pero se resbaló, y quedó con toda su pijama pegajosa, llena de harina y huevo.
En ese momento, vio a su papá de pie en la puerta. Dos grandes lágrimas se asomaron a sus ojos. El sólo quería hacer algo bueno, pero en realidad había causado un gran desastre.
Estaba seguro de que su papá lo iba a regañar, y muy posiblemente a castigarlo. Pero su papá sólo lo miraba en medio de aquel desorden. Entonces, caminando encima de todo aquello, tomó en sus brazos a su hijo que lloraba y le dio un gran abrazo lleno de amor, sin importarle llenarse él mismo de harina y huevo.

Así es como Dios nos trata...

A veces tratamos de hacer las cosas bien, pero sin quererlo, terminamos haciendo un desastre. Nuestra familia se pelea, o insultamos a un amigo, o hacemos mal nuestras obligaciones, o desordenamos nuestra vida. Otras veces sólo podemos llorar, porque ya no sabemos que más hacer. Entonces, es cuando Dios nos toma en sus brazos, nos perdona y nos demuestra que nos ama, sin importarle que pueda ensuciarse con nuestra suciedad. Pero por el simple hecho de habernos equivocado, no debemos dejar de preparar algo especial para Dios, o para alguien más Tarde o temprano lo lograremos y Dios estará orgulloso de nosotros, porque no nos dimos por vencidos...