El camino del amor...Sólo el que ama es feliz.





Hay muchos caminos que conducen a diferentes lugares, pero el único que nos conduce al cielo se llama: JESÚS (Juan 14:6)






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miércoles, 12 de agosto de 2015

El sol desapareció

Había una vez , en una zona de altas montañas, una águila que enseñaba a su pichón a volar. Aquellos días de verano eran benignos y de cielo despejado. Un día, llegado el otoño, el cielo se cubrió de densas nubes negras. El pichón, acostumbrado a ver el cielo y el sol, pegó un grito de desesperación. No veía ese manto celeste con su sol resplandeciente. El águila, viendo esto, le pidió que le acompañara. Juntas remontaron vuelo en dirección a las nubes. Luego de una trabajosa travesía, ambas estaban por encima de las nubes. El pichón estaba loco de alegría, se había superpuesto a esas negras nubes que le ocultaban su sol y su manto azul.
 
Moraleja:
Creo que a veces debiéramos desplegar nuestras alas y animarnos
a volar más alto.

jueves, 7 de marzo de 2013

Andar con Dios en bicicleta

Al principio veía a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera. Era como un presidente, reconocía su foto cuando la veía, pero realmente no lo conocía.

Pero luego reconocí a mi Poder Superior, parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta, pero era una bici de dos, y noté que Dios viajaba atrás y me ayudaba a pedalear.

No sé cuando sucedió, no me di cuenta cuando fue que El sugirió que cambiáramos lugares, pero mi vida no ha sido la misma desde entonces... mi vida con Dios es muy emocionante.

Cuando yo tenía el control, yo sabía a donde iba. Era un tanto aburrido pero predecible. Era la distancia más corta entre dos puntos. Pero cuando El tomó el liderazgo, El conocía otros caminos, caminos diferentes, hermosos, por las montañas, a través de lugares con paisajes, velocidades increíbles. Lo único que podía hacer era sostenerme, aunque pareciera una locura El solo me decía Pedalea!!.

Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba, "A donde me llevas?" El solo sonreía y no me contestaba, así que comencé a confiar en El.

Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía "estoy asustada", El se inclinaba un poco para atrás y tocaba mi mano.

El me llevó a conocer gente con dones, dones de sanidad y aceptación, de gozo. Ellos me dieron esos dones para llevarlos en mi viaje. Nuestro viaje, de Dios y mío.

Y allá íbamos otra vez. El me dijo "Comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso, mucho peso extra." Y así lo hice, a la gente que conocimos, encontré que en el dar yo recibía y mi carga era ligera.

No confié mucho en El al principio, en darle control de mi vida. Pensé que la echaría a perder, pero El conocía cosas que yo no acerca de andar en bici, secretos.

El sabía como doblar para dar vueltas cerradas, brincar para librar obstáculos llenos de piedras, inclusive volar para evitar horribles caminos.

Y ahora estoy aprendiendo a callar y pedalear por los más extraños lugares, y estoy aprendiendo a disfrutar de la vista y de la suave brisa en mi cara y sobre todo de la increíble y deliciosa compañía de mi Dios.

Y cuando estoy segura de que ya no puedo más, El solo sonríe y me dice "PEDALEA!!"
 

miércoles, 10 de octubre de 2012

LUZ PARA EL CAMINO


Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.
La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.

En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.

Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:
- ¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves...
Entonces, el ciego le responde:
- Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi...
- No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.
Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.

Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil...Muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás...¿Cómo? A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento...
¡Qué hermoso sería sí todos ilumináramos los caminos de los demás! Sin fijarnos si lo necesitan o no... Llevar luz y no oscuridad...

Si toda la gente encendiera una luz el mundo entero estaría iluminado y brillaría día a día con mayor intensidad...

Todos pasamos por situaciones difíciles a veces... todos sentimos el peso del dolor en determinados momentos de nuestras vidas... todos sufrimos en algunos momentos... lloramos en otros...
Pero no debemos proyectar nuestro dolor cuando alguien desesperado busca ayuda en nosotros...
No debemos exclamar como es costumbre: -La vida es así... llenos de rencor, llenos de odio...
No debemos...Al contrario: ayudemos a los demás sembrando esperanza en ese corazón herido...
Nuestro dolor es y fue importante pero se minimiza si ayudamos a otros a soportarlo, si ayudamos a otro a sobrellevarlo... luz... demos luz...
Tenemos en el alma el motor que enciende cualquier lámpara, la energía que permite iluminar en vez de oscurecer...
Está en nosotros saber usarla...Está en nosotros ser Luz y no permitir que los demás vivan en las tinieblas...

jueves, 2 de febrero de 2012

Yo estoy a la puerta

Un hombre había pintado un lindo cuadro. El día de la presentación al público, asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas, y mucha gente, pues se trataba de un famoso pintor, reconocido artista. Llegado el momento, se tiró el paño que velaba el cuadro. Hubo un caluroso aplauso.
Era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa. Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta, parecía querer oír si adentro de la casa alguien le respondía.
Todos admiraban aquella preciosa obra de arte. Un observador muy curioso, encontró una falla en el cuadro. La puerta no tenía cerradura.
Y fue a preguntar al artista:_
“¡Su puerta no tiene cerradura! ¿Cómo se hace para abrirla?“.
El pintor tomó su Biblia, buscó un versículo y le pidió al observador que lo leyera:
Apocalipsis 3, 20:
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo.”
_”Así es”, respondió el pintor. “Ésta es la puerta del corazón del hombre. Solo se abre por dentro.”

Abramos nuestro corazón al amor, a DIOS.
Cambiemos, aun estamos a tiempo.

viernes, 22 de julio de 2011

La pequeña vela

Erase una vez una pequeña vela que vivió feliz su infancia, hasta que cierto día le entró curiosidad en saber para qué servía ese hilito negro y finito que sobresalía de su cabeza. Una vela vieja le dijo que ese era su “cabo” y que servía para ser “encendida”. Ser “encendida” ¿qué significaría eso?. La vela vieja también le dijo que era mejor que nunca lo supiese, porque era algo muy doloroso.
Nuestra pequeña vela, aunque no entendía de qué se trataba, y aún cuando le habían advertido que era algo doloroso, comenzó a soñar con ser encendida. Pronto, este sueño se convirtió en una obsesión. Hasta que por fin un día, “la Luz verdadera que ilumina a todo hombre”, llegó con su presencia contagiosa y la iluminó, la encendió. Y nuestra vela se sintió feliz por haber recibido la luz que vence a las tinieblas y le da seguridad a los corazones.
Muy pronto se dio cuenta de que haber recibido la luz constituía no solo una alegría, sino también una fuerte exigencia… Sí. Tomó conciencia de que para que la luz perdurara en ella, tenía que alimentarla desde el interior, a través de un diario derretirse, de un permanente consumirse… Entonces su alegría cobró una dimensión más profunda, pues entendió que su misión era consumirse al servicio de la luz y aceptó con fuerte conciencia su nueva vocación.
A veces pensaba que hubiera sido más cómodo no haber recibido la luz, pues en vez de un diario derretirse, su vida hubiera sido un “estar ahí”, tranquilamente. Hasta tuvo la tentación de no alimentar más la llama, de dejar morir la luz para no sentirse tan molesta.
También se dio cuenta de que en el mundo existen muchas corrientes de aire que buscan apagar la luz. Y a la exigencia que había aceptado de alimentar la luz desde el interior, se unió la llamada fuerte a defender la luz de ciertas corrientes de aire que circulan por el mundo.
Más aún: su luz le permitió mirar más fácilmente a su alrededor y alcanzó a darse cuenta de que existían muchas velas apagadas. Unas porque nunca habían tenido la oportunidad de recibir la luz. Otras, por miedo a derretirse. Las demás, porque no pudieron defenderse de algunas corrientes de aire. Y se preguntó muy preocupada: ¿Podré yo encender otras velas? Y, pensando, descubrió también su vocación de apóstol de la luz. Entonces se dedicó a encender velas, de todas las características, tamaños y edades, para que hubiera mucha luz en el mundo.
Cada día crecía su alegría y su esperanza, porque en su diario consumirse, encontraba velas por todas partes. Velas viejas, velas hombres, velas mujeres, velas jóvenes, velas recién nacidas…. Y todas bien encendidas.
Cuando presentía que se acercaba el final, porque se había consumido totalmente al servicio de la luz, identificándose con ella, dijo con voz muy fuerte y con profunda expresión de satisfacción en su rostro: ¡Cristo está vivo en mí!

¿Podre yo llegar a ser como la vela del cuento?

viernes, 6 de mayo de 2011

El incendio.


Una vez se estaba incendiando un edificio de 9 pisos en el centro de una ciudad muy importante. Las personas del edificio al enterarse de que el edificio estaba en llamas rápidamente salieron de sus apartamentos, a excepción de un niño de 8 años de edad que dormía en el octavo piso, pues su papá había salido a comprar y su mamá estaba de viaje.

El fuego crecía cada vez más e iba subiendo piso por piso. Los bomberos intentaban apagarlo, sus esfuerzos eran cada vez imposibles El edificio estaba totalmente en llamas y los bomberos pidieron refuerzos a otras unidades de la ciudad.

El drama aumentó cuando los bomberos se dieron cuenta que había un niño en el octavo piso y el fuego crecía, iba ya por el quinto piso. De repente aparece el padre preocupado por el niño, viendo este cuadro, los bomberos hacen un último intento, pero las escaleras no podían llegar hasta las paredes del edificio por haber fuego en todas ellas, entonces se escucha los llantos del niño, gritando - ¡Papi! ¡Tengo miedo!

El padre lo escucha y llorando le dice: - ¡Hijo! No tengas miedo yo estoy aquí abajo, No tengas miedo. Pero el niño no lograba verlo:
- Papi no te veo, solo veo humo y fuego.
Pero el padre sabe que está ahí en la ventana porque el fuego lo ilumina.
- Pero yo sí te veo, hijo.
- Hijo, ¿sabes qué debes de hacer?. Tírate, que aquí te agarramos todos los que estamos abajo, ¡TÍRATE!
El hijo le dice: - Pero yo no te veo.
El Padre contesta. - Sabes cómo lo debes de hacer, cierra los ojos y lánzate! El niño dice: - Papi no te veo, pero allá voy!
Y cuando el niño se lanzó abajo, lo rescataron.
Entonces el Padre lo abraza, llora con el hijo, juntos pero muy contentos.
El hijo comprende que hay veces que al Padre no se le ve pero sus palabras son suficientes para confiar en él.
Así es nuestra vida, muchas veces hay muchos incendios, sentimos problemas parecidos a este niño y nuestro padre DIOS nos dice: ¡¡TÍRATE!! CONFÍA EN MÍ, y nosotros tenemos que lanzarnos aunque no veamos nada, ni sintamos nada, con FE tienes que salir adelante. ¡Porque sólo su palabra nos basta!

lunes, 31 de enero de 2011

EL VUELO DE LA FE

Hace mucho tiempo en una montaña muy alta , había un águila quien todos los días con mucha dedicación le enseñaba a volar su pichón…
En aquellos tiempos el clima era perfecto , el cielo estaba despejado y la luz del sol iluminaba sus días.
Un día, llegado el otoño, el cielo se cubrió de densas nubes negras.
El pichón, acostumbrado a ver el cielo y el sol, pegó un grito de desesperación y comenzo a llorar porque ya no veía ese manto celeste con su sol resplandeciente que lo acompañaba en sus vuelos.
El águila, viendo esto, le pidió que le acompañara y remontaron vuelo en dirección a las nubes.
Luego de una trabajosa travesía, estaban por encima de las nubes.
El pichón estaba loco de alegría, se había superpuesto a esas negras nubes que le ocultaban su sol y su manto azul.

Moraleja:
Nuestra fe tiene que ser mas grande que nuestros problemas, no pienses cuan grande es tu problema , piensa cuan grande es tu Dios …

sábado, 29 de enero de 2011

La Visita del Diablo

Un día estaba un joven en su casa y alguien tocó la puerta. Al abrirla con sorpresa encontró al diablo quien lo agarró del pelo, lo pateó, lo golpeó y se luego se fue. Y dijo el muchacho... ¿qué debo hacer? En ese momento vio pasar a Jesús y pensó... "Si está en mi casa, el diablo no va a volver entrar". Entonces lo invitó a pasar, le mostró la casa y le dijo... ¿podés venir mañana cuando el dialo pase por aquí? Y Jesús, respondiéndole afirmativamente, se despidió hasta el día siguiente.
Al otro día, el diablo volvió a tocar la puerta y ya Jesús estaba dentro de la casa. El muchacho muy tranquilo abrió la puerta y el demonio volvió a darle una paliza. Entonces el muchacho muy molesto le reclamó a Jesús... ¿Por qué no hiciste nada por defenderme?. EL maestro le respondió... "No hice nada porque no estoy en mi casa, solo estoy de visita".
El muchacho reflexionó y lo invitó a vivir en su casa, le mostró su cuarto y le dijo: "Vas a comenzar a vivir aquí, este será tu cuarto". Jesús entonces aceptó gustosamente.
Como era ya costumbre al día siguiente tocaron nuevamente la puerta, y era otra vez el diablo, el joven muy confiado abrió la puerta pues ya Jesús vivía en su casa, pero nuevamente el maligno volvió a darle una paliza.

El joven, muy indignado fue adonde Jesús y le dijo: "Ya vives en mi casa, ¿qué más deseas para defenderme?". Y Jesús tranquilamente le contestó: "Yo solo vivo en tu casa, en mi cuarto. Mientras no entres en mi cuarto no te puedo defender".
Entonces el joven volvió a reflexionar y dijo: "De hoy en adelante ésta es tu casa, yo estare aquí como un invitado... si me lo permites." Y entonces Jesús sonrió y lo abrazó.
El otro día tocaron nuevamente la puerta, pero esta vez no fue el joven quien abrió pues ya no era él dueño de la casa, al abrir Jesús la puerta el diablo se disculpó pues pensó que se habia equivocado de casa.

Como consejo quiero decir que no es suficiente el decir dentro de nosotros que Jesús vive en nuestro corazón, tenemos que entregar de corazón nuestra vida para que el pueda actuar por nosotros.

miércoles, 12 de enero de 2011

ANTE LA TORMENTA


Empezó a lloviznar y al poco rato, los relámpagos iluminaban la ciudad entera, haciendo parecer que amanecía. Más adelante, los truenos empezaron a oírse lejanos, y finalmente, la ciudad entera se sacudió en un ruido estrepitoso, pareciendo que la centella que zigzagueaba, caería sobre nosotros.
¡Que espectáculo tan bello! ¡Que impotencia más absoluta se siente cuando se contempla la naturaleza! Amaneció con un sol radiante, y el cielo era tan azul que parecía que la tormenta hubiera lavado cuidadosamente el firmamento; era un día tranquilo, luminoso.
Esa hermosa mañana, todos comentaban: "hace mucho que no veía orar a tanta gente como anoche". Era algo impresionante ver como oraban todas las personas.
¡Qué triste que necesitemos siempre en la vida de tormentas para hablarle al Padre! Yo creo que también las tormentas del alma nos deben hacer elevar el alma a Dios. Cuántas veces somos víctimas de depresiones emocionales, porque no le damos a nuestra alma el alimento de la oración.
¡Qué tremendas tormentas se desatan en el alma! Esas son peores que las que vivimos por los fenómenos atmosféricos.
Dentro de nosotros mismos tenemos las tormentas de odios, de envidias, de celos. Son las centellas que destruyen la alegría de vivir. La tormenta de esa noche me llevó a profunda meditación y me motivó a decirle:


"Señor, que no necesite mi existencia de tormentas para amarte; que no necesite de centellas que me atemoricen para recurrir temeroso a Ti; que no sean necesarias las tinieblas para buscar tembloroso tu amorosa mano; que me percate de que únicamente junto a Ti puedo encontrar paz, alegría y entusiasmo... “Y que cuando me sacudan el alma las tormentas interiores, me refugie en la paz de tu amor".

ASI ES DIOS

El pequeño Luis, de seis años, decidió una mañana prepararles hot-cakes a sus papas para desayunar.
Encontró un gran tazón y una cuchara, acercó una silla a la mesa y trató de alzar el pesado paquete de harina para abrirlo. La mitad del paquete quedó desparramado entre la mesa, la silla y el suelo. Tomó toda la que pudo con sus manitas, y la puso dentro del tazón, y después le puso un poco de leche y azúcar, haciendo una mezcla pegajosa, que empezaba a chorrear por los bordes.
Además, habían ya pequeñas huellas de harina por toda la cocina, dejadas por él y su gatito.
Luis estaba totalmente cubierto con harina y estaba empezando a frustrarse. Él quería darles una sorpresa a sus papas, haciendo algo muy bueno, pero todo le estaba saliendo al revés. No sabía qué más había que agregar a su pasta, o si había que hornear los hot-cakes, pues ni siquiera sabía cómo usar el horno.
Cuando miró otra vez la mesa, su gatito estaba lamiendo el tazón, por lo que corrió a apartarlo de la mesa, pero por accidente se volcó el cartón de leche, y además se quebraron unos huevos que había sobre la mesa, al caer al suelo.
Intentó agacharse a limpiarlo, pero se resbaló, y quedó con toda su pijama pegajosa, llena de harina y huevo.
En ese momento, vio a su papá de pie en la puerta. Dos grandes lágrimas se asomaron a sus ojos. El sólo quería hacer algo bueno, pero en realidad había causado un gran desastre.
Estaba seguro de que su papá lo iba a regañar, y muy posiblemente a castigarlo. Pero su papá sólo lo miraba en medio de aquel desorden. Entonces, caminando encima de todo aquello, tomó en sus brazos a su hijo que lloraba y le dio un gran abrazo lleno de amor, sin importarle llenarse él mismo de harina y huevo.

Así es como Dios nos trata...

A veces tratamos de hacer las cosas bien, pero sin quererlo, terminamos haciendo un desastre. Nuestra familia se pelea, o insultamos a un amigo, o hacemos mal nuestras obligaciones, o desordenamos nuestra vida. Otras veces sólo podemos llorar, porque ya no sabemos que más hacer. Entonces, es cuando Dios nos toma en sus brazos, nos perdona y nos demuestra que nos ama, sin importarle que pueda ensuciarse con nuestra suciedad. Pero por el simple hecho de habernos equivocado, no debemos dejar de preparar algo especial para Dios, o para alguien más Tarde o temprano lo lograremos y Dios estará orgulloso de nosotros, porque no nos dimos por vencidos...

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Milagro en una telaraña

Dicen que una vez un hombre, era perseguido por varios malhechores que querían matarlo. El hombre ingresó a una cueva. Los malhechores empezaron a buscarlo por las cuevas anteriores a la que él se encontraba. Con tal desesperación elevó una plegaria a Dios, de la siguiente manera:
” Dios todopoderoso, haz que dos ángeles bajen y tapen la entrada, para que no entren a matarme”.
En ese momento escuchó a los hombres acercándose a la cueva en la que estaba escondido , y vio que apareció una arañita. La arañita empezó a tejer una telaraña en la entrada.
El hombre volvió a elevar otra plegaria, esta vez más angustiado:
“Señor te pedí ángeles, no una araña.”
Y continuo:
-”Señor por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme”.
Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada, y observo a la arañita tejiendo la telaraña.
Estaban ya los malhechores ingresando en la cueva anterior y este quedo esperando su muerte.
Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva que se encontraba el hombre, ya la arañita había tapado toda la entrada, entonces se escucho esta conversación:
- Vamos, Entremos a esta cueva.
- No. No ves que hasta hay telarañas, nadie ha entrado en esta cueva. Sigamos buscando en las demás .

Hay una frase muy bella que dice: ” Si le pides a Dios un árbol te lo dará, en forma de semilla”.

sábado, 9 de octubre de 2010

Abre sin Miedo

En un país en guerra, había un rey, que tenía atemorizados a sus prisioneros. Acostumbraba a llevarlos a una sala, donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras llenas de sangre.
Hacía que se colocaran en círculo y les hacía la siguiente propuesta: Ustedes pueden elegir entre dos opciones, morir en manos de estos arqueros o pasar por aquella puerta, detrás de la cual, YO LOS ESTARÉ ESPERANDO. Curiosamente, todos elegían morir en manos de los arqueros.
Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo había servido al Rey, se dirigió al soberano y le dijo: Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?
Dime, soldado- respondió el rey.
Señor, ¿qué hay detrás de la puerta?
¡¡¡Ve y míralo tú mismo!!! Contestó su majestad.
EL soldado, abrió temerosamente la puerta y se encontró con unos potentes rayos de sol que entraban y llenaban de luz el lugar, cegándole.
Sorprendido, y a medida que se acostumbraba a la luz del sol, descubrió que la puerta le llevaba a un camino que conducía directamente a la ¡¡LIBERTAD!!
El soldado, asombrado, miró a su Rey, como esperando una explicación: Yo les daba la oportunidad de elegir, pero ellos no se arriesgaron y por temor a lo desconocido, eligieron morir.

¿Cuántas puertas dejamos de abrir por miedo a arriesgar?
¿Cuántas veces renunciamos a la libertad y morimos poco a poco por dentro, porque sentimos miedo de abrir la puerta de nuestros sueños?
No dejes de abrir la puerta de tu corazón, no tengas temor, si lo haces Jesús vendrá a morar, dentro de ti.
Jesús dijo: Yo soy la puerta del reino de Dios; cualquiera que entre por esta puerta, se salvará; podrá salir y entrar, y siempre encontrará alimento. Juan 10:9