El camino del amor...Sólo el que ama es feliz.





Hay muchos caminos que conducen a diferentes lugares, pero el único que nos conduce al cielo se llama: JESÚS (Juan 14:6)






jueves, 7 de marzo de 2013

Andar con Dios en bicicleta

Al principio veía a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera. Era como un presidente, reconocía su foto cuando la veía, pero realmente no lo conocía.

Pero luego reconocí a mi Poder Superior, parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta, pero era una bici de dos, y noté que Dios viajaba atrás y me ayudaba a pedalear.

No sé cuando sucedió, no me di cuenta cuando fue que El sugirió que cambiáramos lugares, pero mi vida no ha sido la misma desde entonces... mi vida con Dios es muy emocionante.

Cuando yo tenía el control, yo sabía a donde iba. Era un tanto aburrido pero predecible. Era la distancia más corta entre dos puntos. Pero cuando El tomó el liderazgo, El conocía otros caminos, caminos diferentes, hermosos, por las montañas, a través de lugares con paisajes, velocidades increíbles. Lo único que podía hacer era sostenerme, aunque pareciera una locura El solo me decía Pedalea!!.

Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba, "A donde me llevas?" El solo sonreía y no me contestaba, así que comencé a confiar en El.

Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía "estoy asustada", El se inclinaba un poco para atrás y tocaba mi mano.

El me llevó a conocer gente con dones, dones de sanidad y aceptación, de gozo. Ellos me dieron esos dones para llevarlos en mi viaje. Nuestro viaje, de Dios y mío.

Y allá íbamos otra vez. El me dijo "Comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso, mucho peso extra." Y así lo hice, a la gente que conocimos, encontré que en el dar yo recibía y mi carga era ligera.

No confié mucho en El al principio, en darle control de mi vida. Pensé que la echaría a perder, pero El conocía cosas que yo no acerca de andar en bici, secretos.

El sabía como doblar para dar vueltas cerradas, brincar para librar obstáculos llenos de piedras, inclusive volar para evitar horribles caminos.

Y ahora estoy aprendiendo a callar y pedalear por los más extraños lugares, y estoy aprendiendo a disfrutar de la vista y de la suave brisa en mi cara y sobre todo de la increíble y deliciosa compañía de mi Dios.

Y cuando estoy segura de que ya no puedo más, El solo sonríe y me dice "PEDALEA!!"
 

jueves, 14 de febrero de 2013

EL AMOR DE DIOS


 El amor de Dios cuando actúa y quiere transformarte, puede doler, sobre todo si nos pide soltar o cambiar cosas que no nos dejan crecer...
El Amor de Dios te llena de esperanza, cuando te hace sentir que después de la tempestad viene la calma...
El amor de Dios lo puedes tocar muchas veces cuando te abrazan las personas que más te aman, el amor de Dios lo puedes escuchar en las melodías y voces que te muestran el camino y le dan paz a tu alma...
El amor de Dios lo tienes siempre aunque te cueste a veces descubrirlo porque primero lo debes encontrar dentro de ti mismo...
El amor de Dios lo puedes compartir sin mucho esfuerzo, en la medida que vives con fe y paz de tal forma que con solo existir, El actua en ti, en los demás y se contagia... Así es el Amor de Dios..
El amor de Dios te perdona cada vez que perdonas, te sostiene cuando más solo te sientes, te regala cada día la oportunidad que crees que no mereces...
El amor de Dios no se define, simplemente se vive.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Salmo desde la entrega total

Gracias, Señor, porque me ayudas a romper mis cadenas.
Me conoces por dentro y por fuera
y sabes muy bien todo lo que me ata
y me impide seguirte por entero, sin condiciones.
Tú quieres habitar en mi corazón.
Has llamado, has entrado
y me has dicho: «Conmigo lo puedes todo».
Algo dentro de mí empieza a cambiar
y mi alma, que sin ti estaba muerta,
comienza a revivir al sentir tu presencia.
¡Qué bueno eres conmigo, Señor!
¡Con qué cariño me mimas! ¡Con qué amor me miras!
A pesar de alejarme tantas veces de ti,
tú no dejas de estar a mi lado.
A pesar de despreciarte en múltiples ocasiones,
tú no te alejas ni un solo momento de mí.
A pesar de todo, Señor, a pesar de todo,
siempre estás conmigo.
Aunque yo parezca más fuerte que tú,
tu bondad y tu amor pueden conmigo.
A veces parece imposible que pueda cambiar,
pero ahí estás tú, Señor, rompiendo mis cadenas.
Rompiendo todas las ataduras que me alejan de ti.
Por eso, Dios mío, te puedo decir con el corazón en la mano
que aquí estoy, todo tuyo.
Contigo estoy vencido, Señor.
Por más que luche, tú acabas conquistándome.
Contigo nunca me perderé.
Por más que ame lo que tú no amas,
cuando te siento en mi alma
termino amando lo que tú amas.
Tu mano poderosa me va cambiando por dentro.
Soy todo tuyo.
Tu brazo poderoso me aleja de las vanidades que me rodean.
Soy todo tuyo.
Tu mirada profunda, llena de amor, me arrastra hacia ti.
Soy todo tuyo.
Poco a poco, sin que me dé cuenta,
vas ganando terreno en mi alma
y acabas venciéndome y liberándome a la vez.
Y, ahora, Señor, que estás dentro,
puedo decirte que tu presencia es más dulce que la miel,
más dulce que cualquier placer.
Ahora, Señor, que estás dentro,
puedo decirte que tu presencia es más íntima
que mi misma intimidad;
más grande que cualquier grandeza;
más hermosa que cualquier hermosura.
Aquí estoy, sólo para ti,
porque me haces libre de verdad;
porque rompes todas las cadenas que me atan;
porque me has traspasado el corazón
y te he amado,
porque te he gustado
y ardo en deseos de tu amor.
Aquí estoy, sólo para ti, mi Dios.
Aquí estoy, sólo para ti, porque eres mi Señor.
Aquí estoy, sólo para ti. Eres mi Salvador.
Aquí estoy, todo tuyo, sólo para ti.

jueves, 10 de enero de 2013

He encontrado un amigo


Señor: Tú eres siempre una sorpresa, eres el amigo que se encuentra sin esperarlo. Sabes que te necesito y llegas sin que te llame, más bien eres Tú el que tomas la iniciativa.
Me conoces y sabes lo que quiero, lo mismo mis proyectos que mis debilidades. No puedo ocultarte nada Jesús.
Quisiera dejar de pensar en mí y dedicarte todo mi tiempo. Quisiera entregarme por entero a ti. Quisiera seguirte a donde quiera que vayas y desde la vocación que tengas, en tus designios amorosos, para mí.
Soy débil, Señor, por eso mismo, te necesito aun más, para que me guíes sin cesar, para que seas mi apoyo y mi descanso.
¡Gracias por llamarme a compartir de cerca tu amistad, Jesús!

Esto te digo
Jesús, amigo, así te digo:
Dame entusiasmo para buscar la verdad donde se encuentre.
Dame resignación para aceptar mis propias limitaciones.
Dame coraje para luchar cuando todo me salga mal.
Dame lucidez para admitir la verdad sin que nadie me la imponga.
Dame fuerza para preferir lo difícil a lo fácil.
Dame valor para rechazar lo vulgar y lo rastrero.
Dame valentía para luchar contra mi apatía y desgana.
Esto te digo, Jesús, amigo.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Yo soy el barro

Señor: Soy ese barro sin figura al que tú le das forma continuamente. ¡Estoy dolorida, este proceso me está costando demasiado! Y aunque siento hecha pedazos  mi vasija… Sé bien que vale la pena atravesar este proceso porque me tienes en tus manos.
Los seres humanos tratamos de entenderte, pero realmente nos quedamos cortos en nuestros pensamientos. Tú siempre ves más allá, muy profundo, muy adentro. Nosotros solo vemos pequeñas partes que no siempre interpretamos bien.
Una y otra vez me rompo y una y otra vez me recoges y me vuelves a hacer. Y pienso: “¿Qué voy a hacer Señor? ¿Qué será de mí? ¿Lograré soportarlo?” ¿Cuánto más falta? Y tú con tu voz suave y dulce me contestas: “Que sea paciente, que aunque ahora no lo vea, ni lo entienda, quedaré muy hermosa y que el final será grandioso.

¡Dios mío, yo soy el barro y tú el Alfarero! Solo deseo que tu gloria se manifieste cada día en mi vida. Que la gloria y el poder sean para ti siempre.

¡Todo saldrá bien! Me grita una voz desde mi interior. “Que no te importe la niebla, la noche, ni la sombra. Que no te inquiete, ni te turbe este desierto. Que estar en tus manos siempre es muy seguro. Que mientras tu llama arda en mí, jamás este amor será extinguido”. Me duele, pero me estás dando tu forma. Dame la fuerza, dame resistencia y seré tu obra, una vasija y un recipiente hermoso.

jueves, 20 de diciembre de 2012

A DIOS NO SE LE PUEDE DECIR "NO"


Era el final de los cursillos. Unos cursillos de orientación social para cincuenta muchachos y muchachas inquietos, que buscaban su "puesto" en la sociedad... La última reunión.
Llevábamos más de dos horas reunidos. De un rincón se adelantó un muchacho pequeño, normal.
—Yo creo que todo esto que habéis dicho es muy importante.
Hablaba despacio, penosamente.
—He pensado mucho estos días y creo que...
Se paró en seco, como si tuviera un nudo en la garganta que le ahogase.
—... que aunque no he sido bueno hasta ahora, muchos de vosotros lo sabéis.
Hablaba mal, pero se veía una sinceridad tan descarnada en su rostro, en sus brazos caídos, que hasta los silencios eran sorbidos gota a gota.
—... y aunque yo no quería..., no quería ver ni oír..., quería seguir como hasta ahora..., pero ya no puedo más. Tengo que ser sacerdote. Y se sentó.
Hubo un silencio de estupor, de incredulidad. Nadie reaccionaba.
De repente, estalló un aplauso cerrado.
El muchacho no oía. Con las manos se apretaba la frente. Hundido, Perdido en un rincón. Como si después de una noche tormentosa, al tocar tierra, hubiese caído exánime en la orilla.
El director impuso silencio. Hacia falta un cambio. Y nos mandó a cenar. Durante la cena, una cena democrática, me toco junto a una muchacha de color.
—Y usted, ¿qué piensa de aquel muchacho?
Abrió los ojos—unos ojos negros, como su piel, grandes—, me miró despacio.
—No hay más remedio. No se puede decir que "no" a Dios.
Golpeó con el cuchillo un trozo de pan suavemente un rato.
—Claro que él le ha oído. Lo triste es no saber. El ha de ser feliz. Yo le envidio .

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Diálogo con Cristo


Jesús, aunque experimente dificultades y problemas, situaciones de sufrimiento y dolor, momentos difíciles de comprender y de aceptar, siguiendo el ejemplo de María, tengo la seguridad que todo tendrá una razón y un sentido. Sin embargo soy débil para ofrecerte que quiero ser purificada en el dolor… simplemente sé y confío en que me darás lo que necesito para entrar un día en el cielo, ¡gracias Dios mío!


martes, 4 de diciembre de 2012

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. (Mt 11, 28)


Cuántas veces al sentirnos cansados o agobiados en vez de acudir a Jesús nos quedamos solos. ¡Es que nos han enseñado que para presentarnos ante Jesús tenemos que ser dignos, puros! Entonces cuando me agobia mi pecado, o mi duda, o mis propias incoherencias o las dificultades de la vida, cuando siento que no soy capaz de amar, me alejo. Pienso que tengo que presentarme ante Jesús con las cosas resueltas. A cuántas personas, por ejemplo, les cuesta rezar cuando están enojadas, o cuando sienten rencor, o deseos de venganza. Les parece que así no pueden ir a Jesús y que tienen que solucionar el tema ellas solas en vez de darse cuenta de que es justamente en contacto con Jesús como van a poder llevar el yugo y la carga, porque solo Él la hace liviana y finalmente nos libera.
Otros se alejan de Jesús cuando sienten que no está “cumpliendo”, como si el encuentro con Jesús dependiese de cumplir normas y reglas. Confunden la copa con el vino. Y sin embargo Jesús se nos ofrece siempre, y con más razón cuando estamos necesitados por cualquier motivo. Ya lo dijo hasta el cansancio, vino para los pecadores, para los enfermos, para las ovejas extraviadas, pero nosotros seguimos pensando al revés.

Sentir que Jesús es un amigo en el cuál puedo apoyarme cuando estoy cansada y agobiada, cuando se debilita mi fe o mi pecado me avergüenza. Que puedo volver siempre, como lo hizo el hijo pródigo, no porque estaba arrepentido si no porque tenía hambre y allí estaba el Padre esperándolo con los brazos abiertos, sin siquiera dejarle pedir perdón, sin ponerle condiciones ni ponerle penitencia alguna, al contrario, haciendo una fiesta. ¡Qué maravilla!
Lo buenoo, al menos para mí,fue cuando me di cuenta de que las cosas eran al revés de lo que me las habían enseñado. No tengo que ser buena para que Jesús me ame, es el amor de Jesús el que me hace querer ser buena. Es sentirme amada así, incondicionalmente, gratuitamente, lo que despierta en mí el deseo de amar y ser mejor persona, aún a pesar de mis debilidades y de mi pecado. Quizás lo que nos falte es ser menos “sabios y prudentes” y hacernos pequeños, sencillos, como niños para poder entender el mensaje de este Jesús que siempre nos está sorprendiendo. De este Jesús que es manso y humilde de corazón y nos invita a imitarlo.